Iris moribunda en nostalgia
En el fondo de tus pupilas arde una cruel inocencia
Que incendia la locura de tu rostro
Que permite la bondad de tu vestido
Que sigue en su ofrenda de eternidad
La belleza de tus piernas, tus brazos
Tristeza de tus manos descanzadas
¡Cuánto te veo pensar en cada instante
Y que insensata la humildad de tu mirada!
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